EL JUICIO VENECIANO de Giordano Bruno


El Juicio Veneciano

Si yo, ilustrísimo caballero, manejase un arado, cuida-

ra de un rebaño, cultivase un huerto y confeccionara una

prenda, nadie me miraría, pocos me observarían y por po-

quísimos sería reprendido, y nada me costaría complacer a

todo el mundo. Pero dado que soy un delineador del cam-

po de la naturaleza, solícito en lo concerniente a los pastos

del alma, un enamorado del cultivo de la mente y un Dé-

dalo en lo que respecta a los hábitos del intelecto, ved aho-

ra a uno que, habiendo posado su mirada sobre mí, me

amenaza; uno que, habiéndome observado, me atraca, otro

que, habiéndome alcanzado, me muerde, y otro que, ha-

biéndome capturado, me devora. No es una persona, no

son unos pocos son muchos, son casi todos.

Dejarnos vivir en paz
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Giordano Bruno y el Tribunal de la Inquisición devorándolo.
 
 

NAUSEA by Marguerite Duras


de LOS OJOS VERDES

Creo que el poder, sea el que sea, del pueblo o el

de una facción, siempre es un episodio repugnante

de la historia del hombre y del mundo. En todos los

casos, la toma del poder es usurpación del poder pre-

cedente. El término de legalidad aplicado al poder in

situ tendría que ser de género cómico. Creo que el

poder de la miseria es tán insano como el del dinero,

como el de la fé. Que los jóvenes mercenarios que

mataron a Pierre Goldman son tan nauseabundos

como los que les pagan. Creo que la miseria que rei-

vindica el derecho a juzgar y a castigar, a matar, sea

en nombre de la justicia, de la fé o de la fuerza, llega

a ser rigurosamente de la misma naturaleza que el

poder del dinero que acaba de derrocar. Que se aco-

pla a él, lo sustituye. Que las ejecuciones de los la-

drones afganos en Teherán en diciembre del setenta

y nueve, siguen siendo las que fueron ordenadas por

el Sha, ordenadas por Hitler,  Stalin, Pinochet. Que

en cada uno de nosotros, en cada pueblo, en todo

momento, hay madera para hacer un Hitler, un Sta-

lin, un Pinochet. En Francia, en cien años, estuvimos

unas semanas sin poder alguno; unos meses en 1870

y unos 15 dias en 1968. Como si la historia de Francia

se hubiera entregado de repente a la incoherencia.

Entonces, los hombres tuvieron miedo a ese estado sin

definición.

Por su actualidad, texto de M.Duras.

 

Larry Page & Google


Comentario de Winston Smith para www.elpais.es en http://www.elpais.com/articulo/economia/Larry/Page/desplaza/Schmidt/retoma/mando/Google/elpeputec/20110404elpepueco_1/Tes

Winston Smith( http://hacksperger.wordpress.com/ )- 04-04-2011 – 09:31:10h

Google, una fruta demasiado apetitosa para la asociación capitál-política. Una palanca con mucho poder que puede ser empleada de múltiples formas, como la famosa navaja Suiza. La utilidad trepanadora de cerebros está muy solicitada. En serio. El amigo Larri vé cómo Google se transforma en algo que comienza a detestar y supongo que intentará controlar las inevitables inercias y conducir el monstruo desencadenado por la senda que dió origen y naturaleza al invento. Servidor atento.

El futuro de Google. Todo cambio se produce en el ahora pero la mente puede anticiparse y virtualizar la amplitud de un futuro repleto de posibilidades. Se puede trabajar con hipótesis que determinen el futuro o por el contrario adaptar tu actuación a consideraciones de especulación y someter tus decisiones a profecias y análisis proyectadas en el devenir del tiempo. Larri es de los que prefiere fabricar futuro a sumirse en la corriente. En este supuesto yo optaría por trabajar en la telaraña en tierra y en la telaraña en el espacio. Seguro que él me entendería. Atentamente. Winston Smith.

 

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Game of life 527235


John Horton Conway’s game of Life

Let me now start explaining the game of Life. It was invented by John Horton Conway, and must be the most famous cellular automaton ever. Life runs in a rectangular board, where each cell has two possible states: empty or occupied. Or, if you prefer, dead or live. Like this:

The game proceeds in generations. To get generation N+1 from generation N, make a table the same size and shape as the board. Let’s call this the “neighbour count”. In the first cell of neighbour count, write the number of live cells immediately bordering the first cell of the board. (By immediately bordering, I mean the eight surrounding cells.) Then do the same for all the other cells.

Then make another table, also the same size and shape as the board. This will hold the next generation, so let’s call it “next board”. Make each cell live or dead according to these rules, using the numbers in neighbour count:

  • A live cell with fewer than two live neighbours dies.
  • A live cell with more than three live neighbours dies.
  • A live cell with two or three live neighbours continues to live.
  • A dead cell with three live neighbours becomes a live cell.

 

Finally, copy next board’s cells back into the board. If you do this correctly, the shape above will evolve like this:

Subsequent generations will continue to move, taking four steps to shift one cell along the diagonal. This is one quarter of the fastest possible speed, so Life enthusiasts call it “a quarter of the speed of light”, or “c/4″.

Why these particular rules? In an article that helped make Life notorious, Scientific American‘s Mathematical Games for October 1970, Martin Gardner writes that Conway chose his rules after a good deal of experimenting, to satisfy three principles:

  • There should be no initial pattern for which there is a simple proof that the population can grow without limit.
  • There should be initial patterns that apparently do grow without limit.
  • There should be simple initial patterns that grow and change for a considerable time before coming to an end in one of three ways: fading away completely from overcrowding or from becoming too sparse; settling into an unchanging configuration; or becoming oscillators of period two or more.

 

As Gardner says in a follow-up article, Mathematical Games for February 1971:

Conway was fully aware of earlier games and it was with them in mind that he selected his recursive rules with great care to avoid two extremes: too many patterns that grow quickly without limit and too many that fade quickly. By striking a delicate balance he designed a game of surprising unpredictability and one that produced such remarkable figures as oscillators and moving spaceships.

My images above showed one of these remarkable figures, that simplest of self-moving objects known as a glider.

 http://www.j-paine.org/dobbs/life.html#Life simulators

Life simulators

Orthogonal spaceships in Conway’s Game of Life of varying speeds. Note some spaceships “overtake” others due to speed differences.
v=\frac{\max\left(|x|,|y|\right)}{n}\,c